domingo, 10 de agosto de 2008

E.J.A. SÍ RECIBE SU SOLICITUD -Parte II

Segunda parte del ensayo de Dennys Matos sobre el proyecto Empresa de Juguetes para Adultos (E.J.A.), de David Palacios.


III. ¿EL USO ES EL SENTIDO O EL SENTIDO ES EL USO?”

Para cumplir las necesidades recepcionadas, E.J.A. deberá concebirlas como modalidades de artefactos, en los que la práctica reflexiva sobre el fenómeno que informa, será la lógica fundamental de su acción. Este funcionamiento es extensible también a experiencias que se realizan con grupos. Como es el caso de Y estamos dentro de la familia. En esta oportunidad la empresa recibió seis solicitudes correspondientes a un mismo grupo familiar. En el sondeo la empresa detectó, por ejemplo, que el grupo familiar estaba formado por doce miembros. Subdivididos en tres grupos de los que Radccliffe-Brown llama “familia elemental” (formada por un hombre y su esposa, su hijo o hija). En este grupo, según Levis-Strauss existen, “(...) tres tipos de relaciones sociales: entre padres e hijos, entre los hijos de los mismos padres, y entre marido y mujer en tanto padre del mismo niño o niña (2)”. El mismo autor define a este conjunto de relaciones como de “primer orden”. Posteriormente argumenta que las relaciones de segundo orden, son aquellas que dependen de la conexión entre dos “familias elementales” por la mediación de un miembro común, tales como el padre del padre, el hermano de la madre, la hermana de la mujer, etc. (3). Más adelante continúa exponiendo que “se ubican en el tercer orden relaciones tales como el hijo del hermano del padre y la mujer del hermano de la madre (4).

Comparando el análisis de Levis-Strauss sobre la estructura de este grupo, descubrimos que existen similitudes entre este, y los términos que definen la naturaleza del grupo sondeado por E.J.A. En él observamos relaciones de “tercer orden”, consecuencias de las conexiones existentes entre tres familias elementales, que mantienen su status espacial, por estar dividida la casa en tres partes. Por otro lado, se observaron diferencias en cuanto al ingreso económico, nivel adquisitivo y estado material de las distintas familias elementales. A medida que la empresa avanzó en su análisis, se constató que estos factores de orden económico, estaban incidiendo a diferentes niveles, en las relaciones afectivas y comunicativas dentro del grupo familiar. Esta situación se traducía en incomodidades y tensiones en el intercambio de la vida diaria, síntomas del estado de incomunicación familiar. Es en medio de esta coyuntura que un miembro de la familia, pide a la empresa diseñadora elaborar un plan, en el cual la familia, completamente integrada, debería dialogar sobre sus problemas.

E.J.A. construyó un tablero fraccionado en tres partes. Una fracción para cada familia elemental. Cada fracción está caracterizada por un sistema de tarjetas que describen la posición, circunstancia, aptitudes y conductas de una familia elemental en su comportamiento cotidiano con respecto a otras familias. Pero, además, existen tarjetas individuales que van a caracterizar específicamente, a aquellas personas que más determinarán a una familia elemental en su proyección hacia las otras. De este modo, solamente con la integración de las tres partes podrá accionarse el sistema de relaciones, sobre el cual se rige el funcionamiento del grupo familiar social. El juego de intercambio propuesto por la empresa, está basado en la existencia de “términos de parentescos” homólogos en las familias (consideramos homólogos, por ejemplo, a los padres en cada familia elemental). Establecida la lógica del mecanismo se puede lograr, condicionado por las reglas y estructuras del tablero, permutar de una familia elemental a otra, el modo de actuar y funcionar de cada miembro y de sus respectivas familias, dentro del mismo plano de realidad sociofamiliar que las engloba.

El artefacto de la empresa propone una reunión comunal, en la que estén sentados todos sus miembros. El miembro de una familia elemental en el curso del juego, deberá asumir responsabilidades de un miembro correspondiente a otra, con respecto a sí mismo, con respecto al miembro de la familia asumida y al grupo familiar general. Creadas estas circunstancias, el acto de proyectar significa tomar decisiones y posiciones (simbolizadas en el sistema de fichas perteneciente a cada módulo grupal). Que significa enfrentar y proponer soluciones a las necesidades de la familia elemental asumida. Tomar una determinación (de cualquier naturaleza) operante en la realidad, en nombre de la familia elemental asumida, implica por parte de aquel miembro que la asuma. a) Analizar de modo crítico y reflexivo las condiciones y necesidades, que determinan los compromisos, actitudes y conductas de la familia elemental asumida en el espacio sociofamiliar. b) Este proceso de análisis permitirá, al estar ubicada la familia elemental que se asume en conexión con las demás y dentro del mismo espacio sociofamiliar, que la conducta reflexiva del que asume el rol, critique también su propia condición y comportamiento, los que irá confrontando y operando a través de referencias comparativas analíticas, con las experiencias de la familia elemental asumida y del grupo familiar total.

La relación de estos elementos genera un diálogo interfamiliar objetivamente consciente, en el que aquellas contradicciones latentes o manifiestas, causa fundamental del comportamiento desarmónico en el núcleo familiar, sean (re)construidas de manera que las posibles soluciones a esas contradicciones, se realicen en un plano real, donde estén presentes y valoradas las necesidades de cada parte. La presencia de situaciones reales, por medio del sistema de tarjetas y fichas, permite que la solución propuesta para un conflicto determinado, lleve un sentido de causa a efecto. En esta situación “la eficacia simbólica consistiría en esta propiedad inductora que poseerían, unas con respecto a otras, ciertas estructuras formalmente homólogas capaces de constituirse con materiales diferentes en diferentes niveles del ser vivo: procesos orgánicos, psiquismo inconsciente, pensamiento reflexivo (5).

El último trabajo que trataremos aquí se titula El orden de los factores, juguete-objeto que parte de una iniciativa propuesta por otro miembro del grupo social escogido. La planilla indicaba que se construyera un juguete con el que, jugando, pudiera experimentarse la libertad de optar y elegir soluciones de acuerdo con el problema planteado por el sujeto. Sobre la base de estas consideraciones, la empresa diseñó este juguete-objeto, consistente en una superficie plana, sostenida por cuatro ruedas que, al moverse, activan un engranaje de ruedas dentadas. Este engranaje, está conectado a las extremidades superiores de la figura de un hombre, fijado a la superficie. La activación del mecanismo –su puesta en funcionamiento dependerá totalmente del sujeto accionante– hace gesticular sincrónicamente las extremidades superiores, de abajo hacia arriba y viceversa. El juguete-objeto va acompañado de dos símbolos: la bandera, que indica aprobación, y la espada, símbolo de negación. El sujeto, previa manipulación, deberá enjuiciar problemáticas de su entorno social. Las conclusiones, la posición y actitud, resultado de su análisis, deben ser reflejadas por el sujeto en la colocación de algunos de los dos símbolos mencionados. El hecho de que se haga coincidir la bandera o la espada, con la extremidad levantada de la figura que está en el artefacto, indicará la determinación adoptada por el sujeto con respecto a la problemática social planteada. En otras palabras, provocar que las extremidades alcen la bandera o la espada, implica un acto mediante el cual el sujeto (re)considerará su condición dentro del entorno social que lo rodea y establecerá un diálogo con aquellas circunstancias que la determinan. Es decir, que determinando su responsabilidad ante los hechos, interiorizará paralela y conscientemente la libertad de optar por ellos.

IV. ¿TÁCTICA O ESTRATEGIA?

Proponemos ver la empresa E.J.A. como una estructura que estará compuesta por varios términos, pero no considerados de manera aislada, sino en la relación entre cada uno con el resto del conjunto que organiza la estructura. Sólo la interrelación de sus partes (publicidad, realización y todo el andamiaje apropiado de la institución del diseño), hace posible la elaboración de un proyecto práctico de esta naturaleza.

Una modalidad permite al proyecto E.J.A. realizar a un nivel más profundo sus proposiciones, y llevarlas adelante, precisamente por medio de la base originaria sobre la cual se erige la sociedad: el pequeño grupo familiar y social de diversos órdenes.

El trabajo de E.J.A. incentiva a que cada individuo o grupo, como miembro de una colectividad mayor, exprese conscientemente sus necesidades, y estimula en la misma base social la creación de aquellos hábitos democráticos que Lenin consideraba fundamentales en la creación y consolidación de una nueva conciencia pública-social y proletaria. Estos hábitos, y los comportamientos y conductas que ellos generan, deben ser (re)considerados de manera verdaderamente racional y crítica en nuestra coyuntura social. Analizados como auténticos indicadores de las necesidades propias del sistema. Ellos nos inducen a preguntar, valorando plenamente el momento y circunstancias históricas, ¿cuáles instituciones de la superestructura del carácter de la sociedad, están determinados por una racional y consciente satisfacción de las necesidades del hombre, y por el desarrollo de sus potencialidades vitales, materiales y espirituales? Este razonamiento nos acerca, apresuradamente, apreciando la igualdad de condición en la construcción socialista no clásica de nuestro proceso, al problema planteado por Lukacs de “¿cómo debe ser creada en esta época de transición la relación entre la práctica meramente económica, destinada simplemente a recuperar ese atraso económico y los actos, instituciones, etc., directamente orientados hacia el contenido socialista que impulsa la democracia proletaria (6).

Precisamente, y como ejemplo, el proyecto E.J.A. de David Palacios logra sus finalidades, sin que para ello intervenga esencialmente la institución arte. La actitud de E.J.A., (ordenamiento de otras actitudes y su modelo accionante de la realidad), está desprovista del andamiaje institucionalidad del arte. La empresa (re)crea un mecanismo, que condiciona la existencia de un espacio cultural paralelo al de la institución. Donde el sentido de los objetos o artefactos construidos mediante un diálogo social (en el que no se diluye la individualidad, más bien lo contrario), estarán condicionados, no por las reglas del campo de producción artística, sino por las necesidades de expresión de sujetos individuales y colectivos, dentro del espacio social. Es principalmente, esta actitud (co)creativa la que permite proponer a E.J.A. un tipo de discurso cultural, esencialmente diferente al institucional. Sólo sobre la base de esta condición, es entendible el discurso cultural de E.J.A., desprovisto de retoricismo histórico, estético, y del tautologismo artístico institucional. Los artefactos elaborados en actitudes co(re)creativas entre la empresa y su cliente, activan unas prácticas, que deben ser tomadas como una necesidad de operar sobre la realidad, convertidas temporalmente hasta la concretización, en acciones simbólicas con la finalidad de conocer, concientizar y solucionar un conflicto determinado “(...) en que la acción simbólica (...) es un modo de hacerle algo al mundo, lo que estamos llamando ‘mundo’ debe residir dentro de ella, como el contenido que ha de recibir para someterlo a las transformaciones de forma. Por eso el acto simbólico empieza por generar y producir su propio contexto en el mismo momento de aparición en que se aparta de él, juzgándolo con miras a sus propios proyectos de transformación (7).

Al conocer la experiencia de E.J.A. es legítimo preguntarnos ¿Qué función desempeña realmente entre nosotros la institución arte en las condiciones actuales? ¿Qué grado de satisfacción de las necesidades justifica la existencia de este tipo de institución en la formación de la nueva estructura y conciencia de la sociedad?. Pensamos que cualquier investigación en este sentido arrojaría resultados alentadores. Pero nos apresuramos a decir que el carácter tácitamente tradicional de la institución arte, implica la existencia de un andamiaje que obstaculiza (por su propia estructura y contenido) los proyectos culturales que, por el sentido y significado de su propuesta, demuestren una praxis cultural diferente a la institucionalidad. Portadores a su vez de contenido y formas nuevas que, de ejercitar su práctica, paralelamente a la institución, operaría de algún modo, en la base y estructura de la misma. Creando un espacio (re)creativo, como modalidad que responda a necesidades no resueltas por la vía institucional. El carácter demostrativo de este proyecto hace ver claramente la inorganicidad de la operación cultural institucional del arte. Para ilustrar mejor algunos planteamientos hechos más arriba, podemos apoyarnos en afirmaciones que hacía Levi-Strauss al investigar el carácter de ciertas instituciones presentes en la sociedad indonesa, Winnebango y Bororo: “Estas instituciones (se refería, según el grupo, a la naturaleza ternaria del dualismo concéntrico y diametral), carecerían de toda propiedad intrínseca, salvo la de introducir las condiciones previas para la existencia del sistema social al que pertenecen, que gracias a su presencia –desprovista en sí misma de significación– puede ser afirmada como totalidad (8).

Para que la institución arte funcione (esto es extensible a otras instituciones) dentro de un modo sistémico diferente, en esencia y contenido al que le dio origen, debe crear medios que le permitan un reacomodamiento en la nueva estructura. Esta adaptación engendra la creación de todo un aparato de relaciones flotantes, capaz de justificar su funcionamiento y su propia existencia, pero no la efectividad de su método. Para ello deberá tratar de reestructurar, desde la base, la concepción de su funcionamiento. Con vista a desautomatizar un proceso como es la institucionalidad del arte, actualmente determinado por la tradición investida de institución, tomando en cuenta que “(...) toda burocratización encierra necesariamente en sí el dominio del pasado sobre el presente a causa de la rutina que emana de tal práctica (9).

El proyecto E.J.A. supera la automatización del proceso cultural que inspira la institución arte, con la dialéctica operativa que implica la satisfacción de las necesidades presentes en la vida cotidiana de la sociedad. Este proyecto es una demostración de los elementos, de más peso, con los que contamos para fundamentar nuestra posición al respecto. Existen otros elementos, pero no serán tratados en este espacio. Existen, además de E.J.A., otras experiencias que constituyen algunos de los pocos comportamientos (re)creativos, que llevan un contenido nuevo en su orientación y proyección del hombre, de su conciencia y necesidad históricas. Otros proyectos con similar actitud al de E.J.A. son los que proponen Abdel Hernández y Nilo Castillo, los que, a pesar de laborar con base en otros elementos, parten de una misma posición, condicionada en buena medida, por la concepción de sus conductas y de su actuación ante el fenómeno arte.

Dennys Matos
La Habana, 17/9/90

N O T A S

2) Claude Levy Strauss: Antropología estructural. Instituto Cubano del Libro. ED. Ciencias Sociales, 1970, Pág. 48.
3)
Idem Pág. 48
4)
Idem Pág. 182
5)
Idem Pág. 182
6)
Georg Lukacs: El hombre y la democracia. ED. Contrapunto, 1990, Págs. 84-85
7)
Jameson Fredric. Unidad II del Estudio: On interpretation: Literature as a socially symbolic act, en: F.J., The Political Unconscious. Narrative as a socially symbolic act, Ithaca, Cornel University Press, 2a. ed. 1982 pp 74-102. Publicado en Revista Criterios: Noviembre 1985-Diciembre 1986, Págs.
185-210. Traducción: Desiderio Navarro.
8)
Claude Levy Strauss: Ob. Cita Pág. 145.
9) Georg Lukacs: Ob. Cita Pág. 94

5 comentarios:

A.T. dijo...

Buen post. Me cuadra la pregunta inicial: el sentido del uso y el uso del sentido.

López-Ramos dijo...

Gracias AT, todo el mérito es de Dennys y David. Este es un buen ejemplo de esa vertiente de Arte antropológico que floreció en Cuba a finales de los 80 que, evidentementemente, tuvo una faceta más sociológica que el de sus iniciadores en la Isla (Elso, Bedia, Brey) y tuvo como heraldo o inspirador más inmediato a Torres Llorca. Me refiero a esa etapa de su obra que formó parte de la exposición El hombre incompleto, en Galería Habana, de la que se muestran algunas piezas en este video rescatado por Ofill
http://uk.youtube.com/watch?v=R9hfgkEwyy0

Anónimo dijo...

Precioso ladrillo.

López-Ramos dijo...

Tienes razón, pero por que es una preciosa muestra de cómo se escribía de y se pensaba el arte en aquel momento.

la metatranca dijo...

PART II