viernes, 29 de abril de 2011

(M)ALDITO MENENDEZ, sobre 9 A y 1 C

Recientemente me reencontré virtualmente en Facebook con Aldito Menéndez (Aldo Damián Menéndez López) líder del grupo Arte Calle y una de las figuras más jóvenes del arte cubano de los años 80. En una de nuestras recientes comunicaciones por email me comentó sobre el post que dediqué a la exposición Nueve alquimistas y un ciego, para el cual entrevisté a varios de sus protagonistas, y lo invité a ampliar y puntualizar aspectos que no quedaron totalmente claros, como es la razón por la que no participó personalmente en la exposición. Los dejo con las palabras de Aldito tal cual me las envió.


Foto: Gonzalo Vidal Alvarado


Para responder a la pregunta de porqué no participé en Nueve alquimistas y un ciego, primero tengo que hacer un poco de historia:

En 1988 el Ministerio de Cultura nos propuso participar en la nueva edición de la Bienal de la Habana con un mural dentro de uno de los espacios del evento; creo que se habló del Pabellón Cuba. Recuerden que el primer mural del grupo Artecalle, realizado en la Playita de 16, incluía un texto que fue muy polémico: "No necesitamos bienales, nosotros tenemos el espacio". Interpretamos aquella oferta como una artimaña política para comprarnos y oficializarnos y de esa forma neutralizarnos. Era una maniobra que ya habían usado antes con otros artistas e intelectuales rebeldes, en especial con los músicos de la Nueva Trova. Por esa razón convocamos una reunión, que se celebró en el Parque de los Pankis (punkies), como le llamábamos al parque de 23 y Paseo, con representantes de los principales grupos y colectivos artísticos de La Habana, es decir, Puré, Provisional, Proyecto Pilón, San Alejandro, la ENA, el ISA, la Escuela de Diseño, la Universidad y el Taller de Serigrafía René Portocarrero, principalmente. Recuerdo claramente la presencia de Abdel Hernández, Tania Bruguera y Lázaro Saavedra, que se había separado de Puré hacía muy poco. En dicha reunión, explicamos el asunto de la Bienal y anunciamos la disolución del grupo como medida preventiva para evitar que en el futuro pudiéramos caer o ceder ante nuevos intentos de manipulación oficial. Nuestra propuesta a los allí reunidos fue que ya era hora de que dejáramos de ser pequeños grupos separados por tendencias estéticas y nos convirtiéramos en un movimiento organizado que pudiera enfrentar el diálogo con el Sistema de modo más efectivo y menos vulnerable. Para ello, ofrecimos el término Artecalle para bautizar al movimiento, ya que ese nombre era el único que había trascendido el mundillo artístico cubano y estaba en boca de toda la población, no solo en La Habana. Nuestra idea era que si estábamos unidos, no les sería tan fácil comprarnos y dividirnos como por separado. No éramos los únicos ni los primeros en intentar algo así; en esa época se celebraban muchas reuniones y debates en casas particulares y centros "aliados", como la Fototeca de Cuba, con el objetivo de coordinar una estrategia común ante las instituciones culturales y el gobierno, pero, desgraciadamente, a la mayoría le faltaba madurez ideológica y cojones y les sobraba mucho afán de protagonismo; muy pocos intuían la gravedad de lo que se avecinaba y se tomaban las cosas como un juego. Las reuniones se quedaron en reuniones y las propuestas en propuestas; por eso nos vencieron, menos de un año después, pero esa es otra historia.

El caso es que Artecalle se disolvió; yo empecé a realizar obras en solitario, como el performance del Indio (Rauschenberg en el Museo Nacional), La Última Obra de Arte (intervención en la UNEAC) o el Reviva la Revolu (Facultad de Filología y Museo Nacional), y el resto del grupo llevó a cabo varios trabajos, bajo el nombre de (ver ilustración), como los performances que hicieron en el Paseo del Prado y en No por mucho madrugar amanece más temprano (expo en la Fototeca de Cuba) o el famoso Somos de oro –se pintaron de dorado y se sumergieron en la bahía de La Habana, frente al Centro de Artes Plásticas y Diseño. El panfleto decía varias frases: "Síganos, somos de oro"; "Oro parece, plata no es. Easy shopping". Para mí fue el mejor trabajo que hicieron en esa etapa, contenido político y estructura conceptual en perfecta armonía. Todos seguíamos siendo amigos y nos veíamos casi a diario y colaborábamos e intercambiábamos ideas y opiniones, pero trabajábamos por separado.

Yo pude participar en 9 Alquimistas y un Ciego, ya que fui invitado, pero tenía mis propias razones para mantenerme al margen: En primer lugar, a mí me habían expulsado de la Academia de San Alejandro por ser el cabecilla y supuesto culpable de Artecalle y cualquier asociación pública conmigo podía provocar que expulsaran al resto del grupo.

En segundo lugar, a mí me conocía todo el mundo, por ser hijo de los pintores Aldo Menéndez y Nélida López, pero del resto del grupo, con excepción de Vizcaíno, casi nadie sabía ni los nombres. Era su oportunidad de dar a conocer su trabajo como artistas individuales (de hecho, así fue) y si yo me aparecía por allí la gente hubiera pensado que todo era idea mía. De hecho, ese era el rumor en toda la Habana, por eso ni siquiera me presenté como espectador, aunque estuve todo el tiempo enfrente, en la esquina del Coppelia, atento a las noticias que traían los conocidos que entraban y salían de la sala.

En tercer lugar, a mí no me interesaban ese tipo de muestras grupales, como las que hacían 4x4 o Puré, que más que grupos eran (sin ánimo de ofender) agrupaciones de individualidades. Mi idea de trabajo en grupo era realizar una sola obra conjunta, una sola idea ejecutada por varias personas bajo un solo nombre y bandera. Al menos esa era mi idea de Artecalle, un grupo, no una expo colectiva. Por muy osado que fuese el contenido de las piezas, la estructura de la muestra era caótica y, en mi opinión, para tratar de forma tan crítica temas políticos en una sociedad como la nuestra, había que hacerlo con mucha astucia y coherencia conceptual, para que los mecanismos oficiales no pudieran desacreditar a los autores y desvirtuar el mensaje con facilidad, que fue justo lo que sucedió.

Y en cuarto lugar, algunos de los alquimistas no formaban parte del grupo original y yo los conocía de la escuela y sabía que no estaban a la altura de aquella responsabilidad y que sólo participaban por estar en la onda. Esto era otro punto desfavorable para la muestra, estratégicamente hablando; era como dar un golpe en un banco con tres novatos en la banda que nadie sabía cómo podían reaccionar cuando la cosa se pusiera fea. Aun así los apoyé de corazón y estaba tan entusiasmado como todo el mundo con lo que podía suceder esa noche, aunque sabía que un golpe mal planeado siempre conlleva riesgos y sacrificios innecesarios.

A los alquimistas los plancharon totalmente, sin derecho a réplica y tardaron años en volver a levantar cabeza; algunos nunca lo superaron. Cuando un año y pico después nos reagrupamos para hacer el concierto en el teatro del Museo Nacional, nos censuraron antes del show y cuando protestamos, Seguridad del Estado nos detuvo y nos amenazó con la cárcel, si hacíamos una "gracia" más. Marta Limia pagó carísimo los platos rotos de aquella muestra y poco después el movimiento del arte joven cubano fue desmantelado por completo, mediante una serie de jugadas perfectamente calculadas y coordinadas, por parte de manos anónimas del gobierno, que terminaron por provocar la gran estampida de artistas cubanos hacia todas partes del mundo, a principios de los 90.

Nueve alquimistas y un ciego fue como el asalto al Cuartel Moncada: un error táctico y organizativo, pero también un gran episodio histórico que le abrió los ojos a mucha gente.

Maldito Menéndez

2 comentarios:

melimiam dijo...

Parece que ahora si me aceptó.
Tienes toda la razón acerca de los errores tácticos y organizativos, yzo se lo dije a Ofill z a Leal cuando fueron a mi casa aquella noche, tal vez todavía estuvieramos allá intentandolo, pero ni modo.
Es cierto que lo pagué caro y que aún lo estoy pagando pero no me arrepiento, a lo hecho pecho dice en refrán.
Recuerdo aquella censura bochornosa en el mismo momento de la presentación en el Museo, y pensar que ahora aparecen por ahí cieta gente prsentandose como abanderados de las libertades de expresión en la Isla.
Recuerdo el performance que hicieron esa tarde en el Prado como respuesta alternativa a la negativa del Museo. Siento que no quede más que el recuerdo de los pocos que lo vimos pues en realidad fue estupendo. Pero tu sabes, así es como se hace la historia.

R.L.R. dijo...

Marta, disculpa la demora en poner tu comentario. Los primeros dias estuve revisando, pero nadie escribia y le saque el cable.
Abrazos x ti y el Niko.