martes, 19 de abril de 2011

LA HUELLA DEL LÁTIGO

A propósito de la recién inaugurada edición del proyecto Queloides, dialogué vía correo eléctronico con sus curadores Alejandro de la Fuente y Elio Rodríguez Valdés acerca del tema en que se centra la exposición y otros detalles relacionados con esta.

Rafael- La introducción de la nota de prensa de Queloides subraya la intención inicial de la revolución cubana de acabar con la discriminación racial, un proceso que a mi juicio se implementó sólo formalmente, sin que llegara a calar realmente en la conciencia social (y mucho menos en las mentes de la elite dirigente) el significado profundo de esa pretendida “igualdad”. Cómo ha sido la recepción oficial del proyecto en la Isla? Tengo entendido que en la última edición de este en la Habana no dejaron entrar a Alejandro de la Fuente…

Elio- Bueno, la expo en La Habana estuvo condicionada por las características de la Isla, y desgraciadamente, el dialogo al final no fue como pretendíamos. De alguna manera creo en algún momento se empezó a politizar este proyecto que siempre ha sido cultural, de reflexión social, con la intención (como siempre dice Alejandro de la Fuente), de "hacer puentes". Pero nosotros tratamos de obviar estos desencuentros y continuar con este proyecto que, seguimos creyendo, puede ayudar a la conversación que dentro y fuera de la Isla están teniendo los cubanos, además de también servir para cualquier conversación sobre el tema en cualquier lado del mundo, por cualquier grupo que encuentre vínculos dentro de este proyecto.

Alejandro- Creo que lo primero que hay que decir es que, a pesar de incomprensiones y de recelos burocráticos, la exposición se hizo. Queloides fue expuesto en el Centro Wifredo Lam entre abril y mayo del 2010. Creo también que en la isla existe una mayor sensibilidad ante este tema y de que un número creciente de personas allá comparte esa preocupación.

Pero la visibilidad del tema es un arma de doble filo. Por una parte ha permitido crear nuevos espacios para discutir y pensar la llamada cuestión racial. Por otra parte, al ser visible e importante, se producen esfuerzos desde algunos sectores de la burocracia por controlar la discusión y el dialogo. Se crean comisiones que intentan centralizar y organizar el debate: es decir, controlarlo y aniquilarlo. No hace muchos días, Granma hizo referencia en un artículo, por ejemplo, a "la agenda con que Estados Unidos pretende dividir a la sociedad cubana, trasladando a ella —o magnificando— conflictos inexistentes aquí como lo relacionado con el tema racial". Una vez que el tema es presentado de esta forma, los que intentamos promover la discusión alrededor del mismo podemos ser (des)caracterizados como enemigos, agentes, y toda la palabrería esa que no por gastada deja de ser efectiva. Y algo de eso parece haber pasado con Queloides. Aunque el proyecto fue apoyado desde un inicio por las autoridades de cultura y fue cuidadosamente planeado y coordinado con la Fundación Nicolás Guillen de la UNEAC, que era nuestra contrapartida allá, a fines del 2009 los mismos que se habían comprometido con el proyecto comenzaron a recular. Dijeron que mi participación se había convertido en un "problema" y comunicaron a algunos de los artistas que el proyecto estaba siendo financiado por "la contrarrevolución" u otras patrañas por el estilo. Es una verdadera pena. Nosotros habíamos concebido Queloides como una fiesta de la cultura cubana. Alrededor de la exposición habíamos planeado mesas redondas y conferencias en las que participarían numerosos intelectuales cubanos que han trabajado este tema. Íbamos a organizar un concierto de rap. El evento coincidiría con una conferencia teórica organizada por la Fundación Guillen. ¡Una fiesta! Además, era un proyecto en el que participaban distintas instituciones cubanas y extranjeras y que debía resultar en puentes permanentes, que podían servir de sostén a otros proyectos futuros. Pero no. En lugar del proteger un proyecto de esa calidad, un proyecto que era también suyo, un proyecto que había sido organizado con ellos desde un inicio, los burócratas implicados corrieron a proteger sus puestos, sus viajecitos, sus prebendas. Por eso el Queloides de la Habana fue de alguna forma la antítesis de una exposición de arte. Se expuso, pero se expuso en silencio. Se expuso, pero se expuso a pesar de sus promotores. El activista cubano Juan Antonio Madrazo escribió quizás la mejor nota de prensa sobre la exposición en la Habana. El título de su artículo, "Condenada al silencio," no necesita comentarios.

Rafael- Es encomiable y necesario tratar de seguir tendiendo esos puentes, aun cuando sepamos que a la oficialidad cubana solo le interesan los puentes para dejar salir a quienes les resultan incómodos –el proverbial “puente de plata” a quienes consideren “enemigo”. Pero regresando al tema, es curioso que se intente minimizar o incluso ocultar un conflicto social tan agudo en la sociedad cubana actual, cuando las estadísticas del último censo reflejan una población afrocubana creciente y, vale añadir, con cada vez más desventajas que el resto de la sociedad. Leer ese fragmento del artículo del Granma que cita Alejandro me trajo a la mente aquel fenómeno sociológico de tiempos de la colonia que se conoció como "el miedo al negro" y llevó a las autoridades españolas a propiciar toda la inmigración caucásica que pudieron para tratar de contrarrestar cualquier posible sublevación como la de Haití.

Alejandro- Es curioso que menciones el miedo al negro. Pero ese miedo no es colonial, aunque tenga raíces coloniales. Es un miedo vigente y que se refleja de distintas maneras en las obras de algunos de los artistas de Queloides. Es un tema central en la obra de Manuel Arenas, que en los noventa hizo un cuadro muy interesante (expuesto en el Queloides de 1999, organizado por Ariel Ribeaux) que se titulaba, precisamente, “Cuidado hay negro,” un título que, en una especie de remake, él retoma en esta exposición en una instalación que se mostró en la Habana y ahora en The 8th Floor en Nueva York. Es también un tema importante en la obra de Alexis Esquivel. Algunos de sus cuadros paradigmáticos trataban este tema desde los noventa—estoy pensando en cuadros como Carlos Manuel de Céspedes y la libertad de los negros o Picnic Nacional. Su obra más reciente sigue lidiando con esa preocupación, aunque con otros matices. En Ciudadano del Futuro, Esquivel nos invita a pensar, parafraseando al abogado y activista negro cubano Juan René Betancourt (autor de un libro del mismo nombre) en una historia política cubana en la que el negro tenga participación plena e igualitaria, hasta llegar a ser presidente de una república que desde que existe solo fue dirigida por individuos “blancos.” Es como si nos invitara a no tenerle miedo a eso, a considerarlo posible, a pensar ese futuro, un futuro sin miedo al negro. En ese futuro ya no haría falta su jocoso VAPROR-2059: Vehículo Automatizado Para la Recogida de Ofrendas religiosas, un robot surreal y torpe que sirve para recoger y procesar las ofrendas que los creyentes de las religiones afro-cubanas depositan en lugares públicos en la isla, ofrendas que la nación no sabe cómo procesar: ¿brujería? ¿Objetos sacros? ¿Basura, desechos orgánicos que violentan la higiene propia de una sociedad moderna y culta? Estamos de regreso, a través de este robot de factura Mattress Factory (donde fue producido), al miedo al negro. Y aunque él puede hablar de esto mucho mejor que yo, creo uno puede detectar el mismo miedo en la Ceiba Negra de Elio Rodríguez, en la que la centralidad de África en lo cubano, en lo que somos, es asociada con elementos fálicos y transgresiones sexuales y raciales. Al ser negra, y sólo por serlo, la ceiba, la misma que Esquivel quiere limpiar con su VAPROR, se convierte en (es percibida como) un objeto amenazante y violento. Precisamente porque el tema es tan central a la obra de estos artistas—al menos en mi lectura—decidimos utilizar el Samurai de René Peña como símbolo de Queloides. Porque invita a meditar sobre la asociación entre negro y violencia, porque cuestiona esa asociación—tradicional y racista. Estoy de acuerdo con el crítico y curador Juan A. Molina, quien ha descrito esta pieza diciendo que “La imagen del hombre negro, como agresor sexual o como sujeto beligerante, aquí está suavizada, revertida en una señal de paz.” A pesar de eso, a pesar de esta suavizada, lo que muchos ven aquí es “un negro.” Peor aún, un negro desnudo (horror!) y armado (terror!). El miedo al negro es una fuente histórica, pero viva, de cicatrices y queloides.

Rafael- Realmente las obras que mencionas reflexionan sobre el tema cada cual a su manera, y por cierto, me alegró mucho ver el nombre de Arenas desde el principio en el proyecto porque él venía trabajando este espinoso conflicto desde finales de los 80, y tuve el honor de escribir sobre ello un breve texto que anotaba cómo él enfocaba lo afrocubano desde una perspectiva sociológica, rebasando las aproximaciones religiosas y folcloristas, más legitimadas entonces por la institución cultural cubana. Ahora me gustaría saber cómo ha sido la recepción del proyecto en sus más recientes ediciones en Norteamérica, la de Pittsburgh y ahora ésta en Nueva York, que fue inaugurada hace unos días en 8th Floor. ¿Logran captar e interiorizar el público, la crítica y la academia estadounidenses la dimensión del problema que el proyecto analiza? Lo pregunto porque en Canadá tuve largas conversaciones con personas que me trataban de demostrar lo equivocado que yo estaba sobre la realidad sociopolítica de la Isla...

Elio- Sobre la recepción, esa es una pregunta trampa, porque en realidad debería ser formulada a los espectadores, no a nosotros, que siempre tendremos una aproximación parcializada, interesada. Por mi parte me ha parecido que el público ha venido a buscar reflejos de lo que se imaginan que es la problemática del racismo en Cuba o en sus lugares de residencia, o en algunos casos buscaban obras que directamente hablaran de esta problemática. Creo que la recepción tiene que ver con los intereses de cada cual: hay gente que creo se ha visto sorprendida porque las obras no "hablan" directamente sobre el tema, no es "fácil" en algunas descubrirlo, cada artista, y cada obra a través de los recursos y los lenguajes del Arte Contemporáneo, da una visión personal del tema, aunque las obras no hablan directamente sobre el racismo, o ese no es su único tema, son obras que además de aproximarse a través del Arte (y esto lo recalco porque en otras muchas obras el lenguaje es directo, simple), también hablan de otras muchas cosas, son obras que también podrían (y de hecho lo hacen), ser vistas desde otro prisma con la misma fuerza.
A mi parecer, esto es algo muy bueno que aporta este proyecto: los artistas participantes (y sus obras), no discursan SOLO sobre el racismo, su obra es más amplia, sus discursos han sido visto desde otras perspectivas normalmente, pero la convivencia y la confluencia en este proyecto trae esos contenidos relativos al racismo a un primer plano. Pero creo que al final este proyecto es un ejercicio curatorial, donde son los curadores los que "cargan" los contenidos que les interesan hacia este tema.

Alejandro- Estoy de acuerdo con Elio: el proyecto refleja un interés curatorial por destacar ciertos aspectos en la obra de estos artistas. Como cualquier otro proceso de selección y enfoque, el mismo es en alguna medida reduccionista e injusto. La visibilidad, como dijo con inusual claridad Michel Foucault, es una trampa. La obra de los artistas de Queloides no puede ser reducida al tema racial, pero nosotros creemos que esa es una de sus lecturas más interesantes y urgentes, dado el entorno de la cultura oficial cubana y la reticencia a explorar este tema con profundidad. Pero hay otras muchas lecturas, igual de posibles, igual de válidas. Y si uno le pregunta a los artistas mismos, ellos no siempre ubican el tema racial entre sus preocupaciones preeminentes, aunque mencionan temas y preguntas muy cercanas al tema.

Respecto a la recepción en Pittsburgh y New York, creo que lo único que nos es lícito reportar es que la exposición ha tenido una acogida muy favorable de la crítica y de la prensa en general. Para empezar, la existencia misma de la exposición ha sido destacada en algunas de las mejores revistas de arte de Estados Unidos, como Art in America, Art News y Artes Magazine. Algunos blogs especializados en arte, como Utne o Universes in Universe han publicado comentarios y críticas sobre la misma. Cuban Art News le ha dedicado un par de artículos. Lo mismo ha ocurrido con Diario de Cuba y Cubaencuentro en España. Muchas de esas críticas y comentarios han sido después reproducidas en un sinnúmero de sitios que siguen los temas cubanos y la cultura de la isla. La prensa de Pittsburgh dedicó una atención enorme a la exposición, contribuyendo de esa forma a destacar la importancia internacional del arte cubano. El principal periódico de la ciudad, el Pittsburgh Post Gazette, publicó cuatro artículos sobre Queloides, calificó la exposición de "innovadora" y la ubicó entre los diez eventos culturales más importantes del año en la ciudad. La exposición fue también reseñada o discutida en el Tribune Review, Pittsburgh Magazine, Pitt Magazine, Pitt News, Pitt Chronicle, City Paper y Pop City. Una cobertura extraordinaria. Y el New York Times hizo referencia al traslado de la exposición a Nueva York.

A juzgar por estos artículos, que son muchos y muy variados, la recepción ha sido no sólo muy positiva, sino que ha ayudado a generar debates y comparaciones interesantes sobre el racismo y las desigualdades raciales. El crítico Michael Fallon, por ejemplo, destaca como las propuestas de los artistas de Queloides conectan con temas, técnicas y preocupaciones que son globales, no cubanas. La crítico profesora Hilary Robinson destaca que los temas que destaca Queloides son de gran urgencia, pero para los Estados Unidos, "un país donde grandes capas de la población no pueden reconciliarse... con la realidad de tener como líder democráticamente electo a un negro." Estas son, precisamente, las conversaciones que nosotros queríamos propiciar.

Rafael- Bueno Elio, les he formulado esa “pregunta trampa” porque es a ustedes a quienes estoy entrevistando, como curadores del proyecto, aunque sería tentador poder obtener la opinión de todos los espectadores. Les agradezco el tiempo dedicado a esta entrevista y les deseo muchos más éxitos en esta reflexión desde el terreno estético sobre un tema social tan importante para Cuba, y por extensión para este planeta donde aún perviven tan diversas formas de discriminación. Finalmente quiero expresar que Queloides resulta doblemente estimulante en un panorama artístico internacional cada vez más marcado por su vacuidad o superficialidad temática, un arte cuyo contenido principal es, implícitamente, el mercado –dado el carácter mercadocéntrico de la institución que lo legitima.

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