martes, 20 de agosto de 2013

SQUEEZE PLAY

English version follows

Fue un vuelo lleno de baches, pero el avión aterrizó antes de lo previsto en el aeropuerto de La Guardia, tal vez propulsado por los vientos de una depresión tropical que me persiguió todo el camino desde el sur a lo largo del Océano Atlántico. Así que en lugar de ir directamente a The 8th Floor, como había considerado hacer si el vuelo se retrasaba, me dirigí a la casa del amigo en Queens donde pasaría el par de días de esta nueva visita a Nueva York para la inauguración de Stealing Base: Cuba at Bat, en la que mi obra estaba participando. Antes de salir de la terminal, siguiendo el consejo de mi amigo, compré una Metro Card y luego caminé una corta distancia hasta la parada del autobús local que me llevaría a la estación de Roosevelt Avenue, en Jackson Heights, donde tomaría el tren. A pesar de la tensión natural del momento, traté de disfrutar del viaje en autobús y la sensación de estar en un lugar por primera vez, después de preguntarle al pasajero sentado a mi lado si podía avisarme cuando llegáramos a la estación y este asentir. Pasamos por un barrio con abundante arquitectura eduardiana, casas adosadas y edificios de ladrillos, lo cual de repente pareció confirmar que aquí, al principio, todo el mundo y todas las cosas vinieron de Inglaterra –haciendo que mi mente empezara a tratar de jugar béisbol usando una pelota roja y un bate plano, más bien parecido a un remo demasiado corto. Pero después de investigar un poco me enteré de que no fue el Cricket la inspiración inicial para el béisbol, sino "un juego británico llamado Rounders, (...) que dicen se practica allí desde tiempos de los Tudor." Sin embargo, más allá de las conexiones históricas evidentes con todo tipo de juego británico “de bate y pelota”, el béisbol es un deporte estadounidense cuyas reglas fueron establecidas por Alexander Cartwright en 1845 para un club de Nueva York llamado Knickerbockers.

El béisbol fue introducido en Cuba por Nemesio Guillo, a su regreso a la isla en 1864, después de asistir a la escuela en Alabama con su hermano Ernesto. En 1868 se formó el Habana Base Ball Club, pero el próximo año las autoridades coloniales españolas prohibieron el deporte alegando la guerra de independencia en marcha y el hecho de que los cubanos comenzaron a disfrutar del béisbol más que las corridas de toros, propio pasatiempo de España. Por lo tanto, el primer partido oficial en Cuba no ocurrirá hasta el 27 de diciembre de 1874 en Pueblo Nuevo, Matanzas, en el Palmar del Junco, entre el Club Matanzas y el Club Habana.

Yendo algo más atrás en el tiempo, los aborígenes taínos tuvieron su propio juego de pelota llamado Batos, nombre muy relacionado con Batey, el espacio donde se jugaba habitualmente, y del cual posiblemente derivó la palabra bate. Usaban una pelota hecha de una amalgama de resina y hojas de un árbol, mientras que el bate era un palo de una rama con su sección superior tallada plana en una de sus caras para golpear la bola, según relata el Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo en su libro Historia General y Natural de las Indias, publicado por primera vez en Salamanca, España, en 1547.
                                                                                  

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 Alejandro Aguilera


En su ensayo para el catálogo de la exposición, Orlando Hernández escribió:

“...En el caso de los artistas del 89, el malestar fue colectivo, pues además de las censuras individuales, comenzaron a cerrarse espacios públicos para la exhibición del arte de vanguardia, como el proyecto Castillo de la Fuerza, que hasta entonces apoyaba a los jóvenes. Los artistas decidieron que si no podían seguir haciendo el arte a su manera, con las cortapisas del Estado, pues entonces se dedicarían a otra cosa, es decir, a jugar pelota. No se trataba de una broma (aunque el humor no ha estado nunca ausente en las actitudes de contesta realizadas por muchos de ellos), y muy pronto se supo que las decisiones erróneas que provocaron aquella especie de huelga creativa iban a tener consecuencias nefastas. Casi de inmediato comenzó el enorme éxodo de artistas hacia México, Estados Unidos, España, Venezuela, etc. De manera que además de obras de arte, tanto las grandes pinturas y collages de Antonia de esos años 60, como El Juego de pelota del 89, deben ser vistas y entendidas como dos hitos socioculturales de gran envergadura dentro de la historia del arte cubano.”

  José A. Toirac

El squeeze play (o toque suicida) es algo que normalmente se realiza con un corredor en tercera base. El bateador hace un toque de bola, que al ser lanzada a primera base, ofrece al corredor en tercera base la oportunidad de anotar. A diferencia del Suicide Squeeze, en un Safety Squeeze el corredor en tercera no sale hacia Home a menos que vea que el toque ha sido realizado con éxito.

Percibo Stealing Base: Cuba at Bat como una especie de homenaje implícito a la generación artística que jugó béisbol en La Habana en 1989, aunque sólo un puñado de nosotros fuera parte de esta exposición ahora. Más que una base robada, lo nuestro fue un squeeze play, un toque de bola que permitió a la generación siguiente, ya en la tercera base, la oportunidad de anotar. Sin embargo, sacrificio no es la palabra que mejor describe a nuestro juego. Estábamos haciendo lo que teníamos que hacer, e hicimos lo que hacemos mejor... hasta que pudimos. Era la época de la Perestoika, pero miles de kilómetros al otro lado del océano Atlántico, no en Cuba. Allá lo que tuvimos entonces fue el fusilamiento de un grupo de oficiales de alto rango presuntamente implicados en el narcotráfico, un “doble play” fidelista destinado a desviar las sospechas de la DEA que recaían sobre sí mismo, y a aterrorizar a los militares antes de que siquiera se les ocurriera intentar cualquier cosa para cambiar el status quo. Fue el 13 de julio de 1989. Sólo dos meses después, el 24 de septiembre, jugamos pelota para protestar por el cierre de una exposición que era parte del Proyecto Castillo de la Fuerza, curada por los artistas Alexis Somoza, Alejandro Aguilera y Félix Suazo, quienes habían negociado ese espacio con el Ministerio de Cultura. Estaba funcionando con éxito desde marzo, con gran asistencia de público. La muestra censurada, de René Francisco Rodríguez y Eduardo Ponjuan, se titulaba Artista melodramático y se mofaba del icono de Castro de una manera más o menos abierta, que no sólo trajo la clausura de la exposición, sino también la destitución de Marcia Leiseca, la viceministra de cultura que la había aprobado. Irónicamente, una exposición de Carlos Rodríguez Cárdenas, similar en su naturaleza y tema, había sido prohibida el año anterior (1988) en la Galería Habana, debido probablemente a una errónea percepción de este espacio como más público y accesible que el Castillo de la Real Fuerza, donde el proyecto homónimo tuvo lugar.

Carlos R. Cárdenas
                                                                           

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Alfredo Manzo

Llegué a Union Square a las 5:00 pm, pero la inauguración de la muestra no empezaría hasta las 6:00 y sólo había ingerido una energy bar y un jugo de manzana desde la mañana, así que decidí comer algo caliente en el Whole Foods que está al otro lado de la calle 14. Me preparé una cajita con arroz frito y pollo al curry, volví al parque y me lo comí mientras observaba los pintorescos personajes que habitualmente merodean por allí. Casi terminaba mi almuerzo/cena, cuando empezó a lloviznar, empujándome a empezar a caminar rumbo a The 8th Floor, a pocas cuadras de la plaza. Fácilmente llegué allí, siguiendo mi Google Earth déjà vu, utilicé el timbre y alguien me dejó entrar, tomé el lujoso ascensor hasta el 8 º piso y entré en un hermoso espacio donde todo el mundo corría de un lado al otro en frenesí los últimos detalles: ayudando a montar el bar, ajustando el proyector de video, supervisando la mesa del buffet. Sabiendo que había llegado inconvenientemente temprano, luego de ser recibido por Anna Gonick, evité interrumpir y en silencio comencé a apreciar la exposición, que mezclaba obras de artistas muy jóvenes y un par de la generación de los 80 que viven en Cuba, con un puñado de los 80 y 90 que vivimos en los EE.UU.. Más allá de mis gustos o preferencias personales, la exposición me pareció una seria selección de obras sobre el tema, descontando los varios artistas y obras que puedan haber sido omitidos, pues ya sabemos la diferencia entre una exposición curada y una guía telefónica.

 Antuán

En lugar de un play off, este fue más bien un partido amistoso, siguiendo la tendencia de exposiciones colectivas que reúnen artistas que viven dentro y fuera de la isla, en una especie de reconciliación salomónica. Me hizo recordar una conversación que tuve con un judío americano amante del arte que conocí durante mi primera visita a Miami, en el año 2000. Alguien nos presentó en un museo durante una inauguración, y al enterarme de su origen hebreo, intentando ser empático mencioné que alguna gente nos llama a los cubanos "Los Judíos del Caribe". Sin embargo, lejos de sonreír, me respondió serio: "Sí, pero nunca hemos peleado entre nosotros mismos". Dejando a un lado la exactitud de su afirmación –no soy un experto en la cultura y la historia hebreas- esta se quedó dando vueltas en mi mente y todavía sigue abriendo ventanas, plantando preguntas y esbozando respuestas sobre la naturaleza de lo que se conoce comúnmente como el "Drama cubano", y el número de terceras partes que se han estado beneficiando del mismo durante estos largos años.  
 
                                                                             

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Rafael Lopez-Ramos
                                                                  
La obra que presenté en la exposición (Hablando en chino, 2006-2013, acrílico y collage sobre tela, 33 ¾ "x 47 ¼") alude a una expresión callejera cubana (Empinga'o) que tiene dos significados: impresionante y disgustado, pero en este caso cito una broma que inventé en los años que viví en Vancouver, Canadá, ciudad con una gran comunidad china. Cuando quería decirle a alguno de mis amigos cubanos que algo me había gustado sólo escribía "Em Pin Gao, como dirían en chino", jugando con la fonética de este idioma.

Comencé la pintura después de ver algunos juegos del Clásico Mundial de Béisbol 2006 en casa de un compatriota en Vancouver. El jugador retratado es Eduardo Paret, torpedero regular de los equipos cubanos que ganaron medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1996 y 2004 de verano y el segundo lugar en el Clásico Mundial de Béisbol 2006.
  
                                                                              

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Bernardo Navarro

                                                                         
Mi más sincero agradecimiento a Rachel Weingeist y Orlando Hernández por curar esta exposición e invitarme a participar, a Anna Gonick y Matthew Johnson por su eficacia y la comunicación fluida durante la etapa de producción, a Anjuli Nanda por el recorrido a la parte de la colección expuesta en las oficinas de la Shelley & Donald Rubin Fondation, a Gloria por el café caliente con galleticas en un día lluvioso, y a Donald Rubin por dedicar algo de su valioso tiempo para hablar de arte cubano conmigo.

 Jeosviel Abstengo Chaviano


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SQUEEZE PLAY


It was a bumpy flight but the plain landed earlier than scheduled at La Guardia airport, perhaps propelled by the winds of a tropical depression that chased me all the way from the South along the Atlantic Ocean. So instead of going directly to The 8th Floor as I was considering doing if the flight was delayed, I headed to my friend’s in Queens where I would stay a couple of days during this new visit to New York for the opening of the exhibit Stealing Base: Cuba at Bat, in which my work was participating.

Before exiting the terminal, I purchased a Metro Card as advised by my friend and walk a short distance to the stop for the local bus that would take me to the Roosevelt Avenue Station in Jackson Heights, where I would take the train. Despite the natural stress of the moment, I tried to enjoy the bus ride and the feeling of being in a place for the first time, after asking the passenger sitting next to me if he could let me know when we got to the station and he agreed. We went through a neighborhood with plenty of Edwardian architecture, row houses and brownstone, which seemed to me a good hint of, in the very beginning, everybody and everything here came from England, which suddenly made my mind to try playing Baseball using a red ball and a flat bat that looks more like a too short boat row.

 Reynier Leiva Novo

Later on, after some research I learned that Cricket was not the initial inspiration for Baseball but “a British game called Rounders, (...) said to be practiced there since Tudor times.” However, beyond the evident historical connections with all sorts of bat-and-ball British games, Baseball is an American sport whose rules were first layout by Alexander Cartwright in 1845 for a New York City club called the Knickerbockers.
Baseball was introduced in Cuba by Nemesio Guillo upon his return to the island in 1864, after attending school in Alabama with his brother Ernesto. In 1868 they formed the Habana Base Ball Club, but next year Spanish colonial authorities banned the sport alleging the independence war going on and the fact that Cubans started enjoying baseball more than bullfights, Spain’s own pastime. Thus, the first official match in Cuba won’t happen until December 27, 1874 in Pueblo Nuevo, Matanzas, at Palmar del Junco, between Club Matanzas and Club Habana.
Going further back in time, Taino aborigines played their own ball game called Batos, name closely related to Batey, the space where it was usually played, and possibly linked to the word bate. They used a ball made out of an amalgam of resin and leaves from a tree, while the bat was a stick from a branch with its upper section carved into a flat striking face, as chronicled by Captain Gonzalo Fernández de Oviedo in his book Historia General y Natural de las Indias, first published in Salamanca, Spain, 1547.

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In his essay for the exhibition catalog, Orlando Hernández wrote:

“...In the case of artists from the 1980’s generation, the malaise was collectively felt. On top of individual censorship, public spaces dedicated to showing avantgarde like the Castillo de la Fuerza Project, which had traditionally supported the young creators, began to close. The artists decided that if they could not continue creating on their
Own terms, without the State’s constraints, then they would do something completely different—play baseball. Although humor has never been absent in the rebellious attitudes of many of them, it was no joke. Soon it was clear that the erroneous decisions, which led to the creative “walkout,” were to have dire consequences. Almost immediately afterward began the mass exodus of artists to Mexico, the United States, Spain, Venezuela, etc. Therefore, both the large paintings and collages by Antonia Eiriz in the 1960s, as well as 1989’s El Juego de Pelota, must be understood as two huge sociocultural milestones in the history of Cuban art.”


Villalvilla

The squeeze play (or squeeze bunt) is something usually done with a runner on third base. The batter bunts the ball, which should be thrown out at first base, providing the runner on third base an opportunity to score. Unlike the Suicide Squeeze, in a safety squeeze the runner on third does not break for home unless he sees the bunt successfully laid down.
I perceive Stealing Base: Cuba at Bat as a sort of implicit homage to the artistic generation that played Baseball in Havana in 1989, even when only a handful of us were part of this show now. More than a stolen base, ours was a squeeze play, a bunt that allowed the next generation, already on third base, a chance to score. However, sacrifice is not the word that best describes our play. We were doing what we had to do, and did what we do better... until we could. It was the Perestoika era, but thousands of kilometers across the Atlantic Ocean, not in Cuba. There what we had was the execution by firing squad of a group of high ranked officers allegedly involved in narcotraffic; a Fidelist double play intended to deflect DEA’s suspicions over himself, and terrify the military before they even think of attempting anything to change the status quo. It was July 13, 1989. Only two months latter on September 24, we played Baseball to protest the closing of an exhibition that was part of the Castillo de la Fuerza Project, curated by artists Alexis Somoza, Alejandro Aguilera and Felix Suazo, who negotiated it with the Ministry of Culture. It was successfully running since March with great public attendance. The censured show, by Rene Francisco Rodríguez and Eduardo Ponjuan, was titled Artista Melodramatico and poked fun on Castro’s icon in a more or less open way, which not only brought the closing of the exhibit but the demise of Marcia Leiseca, the vice minister of culture who approved it. Ironically, an exhibit by Carlos Rodríguez Cárdenas, similar in nature and subject, had been banned from opening the previous year (1988) at Galería Habana, probably due to a misperception of this space as more public and accessible than Castillo de la Real Fuerza, where the homonym project took place.
 
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I got to Union Square at around 5:00 pm but the opening reception would not start until 6:00 and I only had had an energy bar and an apple juice since morning, so I decided to eat something hot at the Whole Foods across the 14th Street. I customized a little box with fried rice and curried chicken, went back to the park and ate it while watching the colorful characters that usually hang around there. When almost finishing my lunch/dinner, a light rain begun to fall, pushing me to start walking towards The 8th Floor, only a few blocks from the Square. I easily got there, following my Google Earth déjà vu, used the buzzer and some one buzzed me in. Took the fancy elevator to the 8th floor and walked into a beautiful space where everyone was swirling amidst the last-details-frenzy, helping setting the bar, checking the video projector, supervising the buffet table. Knowing I was being inconveniently early, just got out of their way and quietly started enjoying the show that mingled works from very young artists and a couple of 80s ones living in Cuba and a bunch of other 80s and 90s ones living in the USA. Beyond my personal taste or preferences, it seemed to be a serious selection of works about the theme disregarding the various artists/works that may have been missed –we already know the difference between a curated exhibition and a yellow pages book.

 Reynerio Tamayo

Instead of a Playoff, this one was more like a friendly match, following a trend on group exhibitions that put together artists living inside and outside the island, in a sort of Salomonic reconciliation. It brought to my mind a conversation I had with a Jewish American art lover I met during my first visit to Miami, in the year 2000. Some one introduced us during a Museum opening, and after learning of his Hebrew background, I tried to be empathic and mentioned that some people call us Cubans “The Caribbean Jews”. However, he didn’t smile, and straight-faced replied: “Yeah but we haven’t fought each other”. Leaving aside the accuracy of his assertion –I am not an expert in Hebrew culture and history- it stuck to my mind and still keeps opening windows, planting questions and suggesting answers on the nature of what is commonly known as the “Cuban Drama”, and how many third parties has being benefiting from it all these long years.

 
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The artwork I presented in the show (Hablando en chino, 2006 - 2013, acrylic and collage on canvas, 33¾" x 47¼") alludes a Cuban urban idiom (Empinga’o) that has two meanings as Awesome and Pissed off, but here am quoting a joke I invented back when I was living in Vancouver, Canada, city with a huge Chinese community. Therefore, when I wanted to tell any of my Cuban friends that I liked something just wrote ”Em Pin Gao, as they'd say in Chinesse”, playing with that language phonetics.

I started the painting after watching a playoff from the 2006 World Baseball Classic at a Cuban friend’s in Vancouver. The portrayed player is Eduardo Paret, starting shortstop on the Cuban teams that won gold medals at the 1996 and 2004 Summer Olympics and second place at the 2006 World Baseball Classic.

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Yunier Hernandez Figueroa

My sincerest gratitude to Rachel Weingeist and Orlando Hernandez for curating this exhibit and inviting me to participate, to Anna Gonick and Matthew Johnson for the effective communication during the production stage, to Anjuli Nanda for the tour of the part of the collection displayed at the Shelley & Donald Rubin Foundation offices, to Gloria for the warm coffee and cookies in a rainy day, and to Donald Rubin for dedicating some of his precious time to discuss Cuban art with me.

3 comentarios:

Charline dijo...

This is gorgeous!

Tenchy Tolón dijo...

Magistral, no solo por la dimensión de tu obra, sino además, por lo bien que escribes! Gracias Rafa por iluminar las ideas desde los pinceles y la palabra!

Rafael Lopez-Ramos dijo...

Muchas gracias a ti amiga Tenchy, que también escribes muy bien y tienes la grandeza de saber reconocer el talento de los otros!