domingo, 21 de diciembre de 2014

LA PLASTICA CUBANA CONTEMPORANEA Y SUS TENDENCIAS

Ponencia presentada por Aldo Menéndez en el Seminario "La plástica cubana contemporánea y sus tendencias", celebrado el pasado 12 de Diciembre en el KOUBEK CENTER (2705 SW 3rd St, Miami Fl 33135), y organizado por el Centro Cubano de Promoción Intercultural (CPI). En este encuentro participaron artistas y críticos de la Isla y otros que viven fuera de ella; de la Isla estuvieron presentes David Mateo, presidente de AICA Cuba (asociación internacional de críticos de arte) y los pintores Manuel Mendive y Kadir López. De los que viven fuera de ella o fundamentalmente en los EEUU, participaron el artista y crítico de arte Aldo Menéndez y los pintores Baruj Salinas, Néstor Arenas y el escultor/fundidor Lázaro Valdés. 


 En el panel de izquierda a derecha Aldo Menéndez, Gustavo Godoy y David Mateo


La plástica cubana contemporánea y sus tendencias

Los que estamos hoy formando parte de este panel somos todos artistas e intelectuales que, independientemente del lugar donde estemos radicando, siempre nos hemos mantenido fieles al respeto mutuo y a la amistad, observando la máxima consideración ante las ideas, el pensamiento y la obra individual de cada quien. Pero en particular somos colegas que coincidimos en entregar todos nuestros desvelos y energías al trabajo artístico y profesional, al día a día, de hacer la propia obra o de propiciar y promover la de otros.

Presiento que no se puede hablar de la plástica cubana contemporánea y sus tendencias -un fenómeno que se presenta polémico y faceteado- sin hacer antes unas cuantas precisiones.

En la cultura y el arte occidental, prácticamente no existen desarrollos que al día de hoy se puedan limitar territorialmente o cercar geográficamente. Sobran por tanto las tan escuchadas expresiones: Arte de la Cuba de adentro y arte cubano de Miami, o de fuera. Esto equivaldría a recortarnos nosotros mismos las alas, porque las artes visuales cubanas y nuestra cultura, son ya fenómenos hace mucho transnacionales e internacionalizados, sobran los ejemplos de obras cubanas cimeras, hechas y lanzadas desde el exterior; cualquier otra postura sería estrecha y reduccionista.

Lo segundo que quiero puntualizar es que lo oficializado entre Cuba y Estados Unidos en materia de intercambios culturales, refleja por supuesto únicamente contenidos e intereses a nivel de estas naciones, que pueden favorecer entre ambas un clima general de relaciones más distendidas. Pero el intercambio en el terreno de la plástica entre artistas de la isla y compatriotas y colegas de Miami, en gran medida es un resultado privativo de esta ciudad. En tal sentido si alguien tuviera que otorgar medallas, debería empezar por colgárselas a negociantes y galeristas, que vieron un filón económico en traer pinturas y pintores radicados en Cuba. Y conste que al principio tuvieron que enfrentar oposición. Los que se arriesgaron hicieron posible que más adelante en menos de un decenio, convirtieran esa presencia del arte hecho en la isla, en una representación natural en galerías y residencias de Miami.

Que algunos pensando en enriquecerse lo hicieran mal. Que existieran desigualdades, arbitrariedades, engaños,  especulación, etc., y que los comerciantes de esta orilla jugaran con ventaja…, por supuesto que ha ocurrido. La ventaja no emanó solo de poseer el dinero, sino también del hecho de que es más fácil vender la fruta prohibida; tópicos imposibles de analizar hoy, en este lugar, en tan poco tiempo, pero espero que contrario a otras ocasiones podamos repetir este tipo de encuentro civilizado. Es innegable que estos comerciantes le dieron espacio en el exterior a obras consumadas y le fueron subiendo los precios; mientras daban a conocer por primera vez en la diáspora a muchos valores emergentes de la tierra natal.

Ahora, creadores radicados en la isla, constantemente hacen viajes a Miami contando con sus propios medios, incluso para encargar trabajos a empresas locales como la Fundición de Lázaro Valdés –una de las figuras que hoy nos acompaña. Al igual que los radicados aquí viajan y exponen en Cuba, pagándoselo ellos mismos (a mi derecha se encuentra invitado a este panel, Néstor Arenas, artista que recién acaba de exponer en la galería de la Fototeca habanera).

Cuando llegué a Miami en 1995, pocos en esta población conocían –por supuesto que especialistas y entendidos sí manejaban estos nombres- aportes y nombres tan relevantes como los de Antonio Vidal, Servando Cabrera, Loló Soldevilla o Ever Fonseca. Diez años después infinidad de miamenses consumían através de especuladores y galeristas a estos artistas y a un sinnúmero de otros radicados en la isla, como Sosabravo, Mendive, Kacho, Fabelo, Flora Fong, Pedro Pablo Oliva o el recién desaparecido Salvador Corratgé.

Quisiera hacer otra especificación imprescindible. En esta época, cuando en el mundo la mayoría de los artistas responden a las leyes impuestas por el comercio y el mercado, y la obra de arte se torna en producto artístico de consumo, hay colegas de Miami, que ven cualquier irrupción del arte hecho en la isla, como competencia indeseada, rechazándola y pidiendo sea sacada de aquí, pensando quizás que de ese modo se le pone mas difícil  obtener el plato de comida. A veces esto es lo que se esconde detrás de criterios socio-políticos emitidos por determinados artistas cubanos establecidos de este lado del estrecho floridano, olvidando que se trata de un comportamiento adoptado por el llamado “mundo libre”, o sea la libre competencia donde todos deseamos se impongan los individuos con mayor talento y los productos de mejor calidad. Por esa regla tampoco podríamos darle cabida en Estados Unidos, por ejemplo, a la actual pintura made in China, si lo exigieran los pintores chinos arraigados en San Francisco.

Antes de analizar cualquier tendencia, a mi juicio, debemos  tener claro, que esos mismos mecanismos comerciales y el  actual estilo de financiación del arte consiguen muchas veces que por el contrario, numerosos proyectos se alejen cada vez más de la crítica social y la problematización de los contenidos. Proponiéndonos en cambio expresar y resaltar: lo ligero y banal, lo decorativo y complaciente, el romanticismo descafeinado y la nostalgia, lo ambiguo y frívolo, el exotismo y lo asombroso. Y eso, como señala Vargas Llosa es seguir al pie de la letra los dictámenes de una civilización basada en el espectáculo, que estimula la alienación o enajenación resultante del fetichismo de la mercancía.

Esto es lo que a mí parecer está influyendo demasiado en  las tendencias abrazadas por las artes visuales cubanas. Que sin importar donde estén hechas, tienden frecuentemente a seguir la cosmopolita y dominante corriente comercial que alienta un crecimiento del materialismo. Y no hay que olvidar que violentar las verdaderas reglas de juego del mercado puede conducir a una grave crisis.

Es una corriente de codicia desenfrenada la que está configurando universalmente la oferta cultural como “una selva promiscua”, que alienta la confusión entre precio y valor de la obra; requiriendo autores “vistosos y pirotécnicos” capaces de sorprender a un espectador difícil de impresionar; logrando hacer predominar las imágenes sobre las ideas.

Por tanto, dentro y fuera de la isla, las artes visuales cubanas y las artes visuales en general, creo, tienen por máximo peligro, estar tan pendientes de tendencias globalizadas dirigidas a saciar el gusto consumista y a entretener al gran público. Nuestros peores enemigos son modas y apetitos creados artificialmente. Al perder fuerza las grandes utopías colectivas –en los 90’s del siglo pasado- y sin una aceptación ecuménica de la democracia, sería terrible no intentar conectar al arte con nuevos ideales; es esto sin dudas lo que debemos priorizar, el lugar donde debemos tener puesta la mirada, y no en los rencores personales, sociales y políticos que podamos haber acumulado en nuestra vida, un artista no puede alimentarse de odios y resentimientos.


Aldo Menéndez

12 de diciembre del 2014.   

Nota: Durante otras intervenciones y respuestas del panel al público asistente, dejé claro que estábamos mirando al futuro, pero que no olvidaba nada de lo ocurrido antes, sin embargo deseábamos partir de cuestionar la mas palpitante actualidad sin salirnos demasiado de nuestro ámbito artístico. Además, si analizamos el pasado, es bueno resaltar lo que ha cambiado, rectificado o superado en ambas orillas, sin insistir tanto en flagelarnos con las barbaridades cometidas por otros; mientras distinguimos a aquellos que en cualquier sitio han hecho y hacen esfuerzos por mejorar las condiciones de nuestras artes y cultura.


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